Atacama, paisajes apenas habitados - Margarita González
 
 
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Las palabras no acaban de trasmitir la realidad y la esencia que anima a todas las criaturas. Lo que un día llaman en Atacama “Los testigos” otro día son “Los monjes de La Apacana”. Pero del ir y venir del desierto son testigo estas enormes piedras verticales convertidas en flauta por efecto del viento. Su piel de filigrana no les impide tener un aspecto tremendo y severo. Hace millones de años que permanecen de pie en el desierto, a su alrededor la arena mezclada con el tiempo se ha desplazado hasta dejarles desnudos. Acercarse a ellos en medio del vendaval es compartir su soledad más profunda y desear que el viento y la arena vacíen mi memoria.