Atacama, paisajes apenas habitados - Margarita González
 
 
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Bulle en el subsuelo un agua sedienta de dulzura y abrasada por el magma. A nuestro paso se quiebran las burbujas minerales rompiendo su costra submarina. Cuando parece imposible sobrevivir a la huella ardiente y cristalina, un hilo luminoso despierta la esperanza y reverbera el resplandor de la tarde en el Salar. Lentamente se acerca la noche y las siluetas sumergidas arrastran un barco a la deriva. Con total parsimonia, un flamenco escribe sobre la página transparente de la Laguna Chaxa una historia hecha de luces y de sombras. En la mirada atónita de los Ojos del Salar se desborda el duelo contenido en las pupilas.