Atacama, paisajes apenas habitados - Margarita González
 
 
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Recorro las calles polvorientas entre casas y murallones de adobe. Puertas y ventanas luchan por mantener sus colores bajo el polvo que las cubre. Sorprende el mestizaje de sus habitantes y reconozco en las calles a quienes lo dejan todo para empezar una nueva vida. Recorro los alrededores, las paredes del cementerio, la aduana, la iglesia, el museo y sus momias milenarias, que aún mantienen hermosos peinados y la piel fina pegada a los huesos. Caminando por los ayllus donde se reparten el territorio y el agua entre las familias, viene ladrando hacia mí una pequeña bola de tierra y pelos, me agacho para reconocerlo y veo en el suelo las nueces del chañar.