Atacama, paisajes apenas habitados - Margarita González
 
 
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Cerca de Calama el avión pierde altura y parece posarse en el mismo desierto, en medio de la nada, sobre una mano abierta y surcada por las líneas dibujadas en la arena del Altiplano. Ya en la carretera empiezo a sentir la desazón de recorrer en soledad la piel del planeta y sin embargo no estoy sola. Frente a unos ojos nublados por la inquietud aparece la extensión cenicienta y opalina del Valle de la Luna. Después nos sumergimos en el polvo rosado del Valle de Marte. Por último, rodeado de volcanes y de cordilleras se ve un conjunto de oasis en donde se encuentra la pequeña población de San Pedro de Atacama.