Atacama, paisajes apenas habitados - Margarita González
 
 
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8/12

Antes de que los incas trajeran a Atacama el culto al sol se adoraba al agua. El desierto más árido del planeta está surcado por manantiales subterráneos que afloran en forma de ríos y lagunas. Cuando se logra atravesar el viento gélido que la protege se descubre la Laguna Tara, su aparente cercanía es un engaño de la pureza del aire. De lejos parece una flecha sobre el horizonte, de cerca una mujer tendida en el desierto. Mimetizadas en el blanco transparente, las aves que la recorren apenas la tocan. El frío dibuja cristales en el aire. El alma se rompe con los trozos del espejo.