Atacama, paisajes apenas habitados - Margarita González
 
 
atras   adelante
 
 
12/12

Llego a Chiu-Chiu, cuyo nombre evoca el canto de los gorriones que un día se sintieron atraídos por el lugar. Me detengo frente a una piedra del paisaje, la veo en el vacío y sin embargo está junto al volcán que la arrojó. Me siento extrañamente atraída por esta piedra redonda, pulida por la arena, tocada por el blanco de la nieve y la tibieza del sol. Si no estuviera tan cerca del volcán sería libre en el espacio, no sentiría la fría soledad de la noche, sería parte de la fascinación invisible y magnética de este desierto habitado. “Tú eres piedra” dice el cartel de la entrada en la iglesia de San Pedro de Atacama.