Viaje a China - Margarita González
 
 
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10/12
 
   
Por ser hijo del cosmos, oraba el emperador en el Templo del Cielo, pidiendo a su padre un clima favorable para las cosechas. Llegaba en los solsticios de verano y de invierno, y rogaba ser la única víctima si se desataban las iras celestes. Rezaba en soledad, después de haber ayunado y meditado durante la noche. El azul del firmamento se reflejaba satisfecho en los colores del templo y el sol de la tarde se nutría del oro de sus puertas. Ahora, el pueblo lo ha convertido en un lugar de recreo. El emperador que hoy entra en el templo es un varoncito mimado, vestido con la bandera de otro imperio.