Egipto, la mirada en el tiempo - Margarita González
 
 
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Mientras se enfría la arena bajo mi cuerpo veo brillar las estrellas, el halo dorado del horizonte ha desaparecido y solo veo a lo lejos el punto naranja del fuego, en donde antes estaba el ocaso. La noche proyecta un telón de oscura intensidad tras las estrellas, que lentamente cubre todo el entorno, antes tan blanco y resplandeciente que el Sol doraba un lado de las formas de yeso, y el otro era de color añil. Cuando el frío intentaba llegar a mis huesos, he caminado con la mirada fija en el punto luminoso del fuego del campamento, y ya cerca, he empezado a oler la sopa que cocina Asraf. He dejado de oír el aire filtrándose por mi cuerpo y ahora escucho las vueltas de la cuchara y el bullir del caldo.