Egipto, la mirada en el tiempo - Margarita González
 
 
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A las cinco de esta mañana, Ismail Mustafá entonaba los rezos con canto de saeta, desperté escuchándole en la radio y pensando que su voz predecía el camino austero hacia Nahab por el Desierto del Sinaí. Pequeños poblados beduinos camuflaban su presencia en el desierto de piedra y los niños corrían descalzos por la arena. Las mujeres, vestidas de negro apenas se distinguían entre las piedras de basalto, y al amanecer, abrían los ojos entre las cortinas de Kohl, que cubrían sus pestañas. Algunos hombres se acercaban con sus camellos para ofrecer té y obtener unas libras.