Egipto, la mirada en el tiempo - Margarita González
 
 
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11/15

Dentro del coche que me conduce al oasis de Dakhla, Mohamed me ofrece una naranja y mientras le quita la cáscara el aroma va tiñendo el paisaje en el que se pierde la mirada. En estos pequeños detalles reconozco la herencia de tan larga convivencia con la cultura árabe, el mundo de perfumes y placer que nos dejaron, la insinuación discreta y estos gestos tan familiares como ofrecer una naranja pelada. La fruta sobre el paisaje y el zumo que recorre la boca me recuerda el deambular de la última noche en el oasis de Kharga, hermoso palmeral en medio de la nada. En el recuerdo quedan también las miradas llenas de curiosidad y ternura de las mujeres.