Palencia, regreso a Ítaca
 
 
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Nunca se llegan a olvidar las emociones que acompañan la salida de un paraíso.

Nuestras miradas se dejaban seducir mientras los pies se agarraban a la tierra. La inocencia quedaba enterrada por el conocimiento. Sentíamos la tentación de permanecer inmóviles como las piedras que dejábamos en el borde del camino. Nos vencía la ansiedad y el miedo a lo desconocido. Pues como habíamos imaginado, vagaríamos por la extrañeza hasta volver a respirar el aire que perdimos.