Palencia, regreso a Ítaca
 
 
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8/15

Después de incendiarse la tarde llega el crepúsculo arrastrando la noche.

Tras el fuego purificador surge la esperanza de un nuevo paisaje, que alivie una sed infinita de tierra iluminada. Se agranda la mañana henchida de aurora. Vencidas por la luz, poco a poco retroceden las sombras hasta quedar alojadas en los sueños de antaño. Lentamente, bucean los recuerdos en la memoria buscando el lugar del que partieron. En un carro construido con ramos y coronas de flores viajan los espectros hasta disolverse en su propio tiempo.