Palencia, regreso a Ítaca
 
 
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En este regreso a la ausencia nos hiere encontrar cada ruina y cada casa vacía.

Nos dan fuerza para seguir los compañeros de viaje, y aceptar la soledad nos ayuda a disfrutar de su presencia. Llegamos a la ciudad de la que un día partimos, sabiendo que en la uniformidad de un grupo errante, somos tan diferentes como las piedras de la senda. Observamos en el rastro que dejamos que una huella es muy distinta de otra, y ni siquiera nuestros pies dejan dos marcas iguales. Desde la soledad compartida anhelamos el momento del encuentro.