Sicilia, la isla de las ventanas ciegas - Margarita González
 
 
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8/13

Un tintineo de cubiertos sobre platos recorre la ciudad de ventana en ventana. En el silencio del mediodía se siente el pálpito de la última belleza. Al igual que Palermo, nuestras vidas se dirigen a su fin, bailando lentamente una melodía cotidiana. Un día las bombas, otro el terremoto, a veces un perpetrado abandono y siempre, el desgaste del tiempo, acaban por desplomar nuestra verticalidad. Caer y formar parte del paisaje es el destino que compartimos.