Sicilia, la isla de las ventanas ciegas - Margarita González

El tren venía lleno, con gente que regresaba a la zona de Acireale tras la jornada laboral. Solo yo me bajé en Giardini Naxos, primera colonia griega de Sicilia. Crucé la sala de espera de estilo decimonónico, y subí a un coche Mercedes ranchera, de mil novecientos setenta. El taxista aceleró para correr un rally, sorteando paisanos en la vertiginosa carretera que lleva a Taormina. Como el equipaje del maletero, me iba zarandeando por el interior del vehículo, cada vez más parecido al de una funeraria.

 
 
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