Sicilia, la isla de las ventanas ciegas - Margarita González

Antes de entrar, alguien nos indicó dónde estaban los interruptores de la luz. En las termas Aquileas, el correr del agua bajo los pies pone música a la voz. La fría humedad y la oscuridad de las rocas evocan el viaje de la barca de Caronte. Es inevitable estremecerse al atravesar la penumbra subterránea bajo la catedral de Catania. Ya fuera, el calor produce un impacto, que el cuerpo agradece tanto como la vida presente. Tras vivir la soledad de ultratumba, algo cambia en nuestra mente.

 
 
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