Metamorfosis del Zapillo almeriense - Margarita González
 
 
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Este animal, invisible a los ojos de sus habitantes, rumorea sonidos marinos que tienen su eco en las torres de apartamentos. Al murmullo ininteligible de las conversaciones de los senegaleses que venden en el paseo, hay que añadir el sordo rugir del Zapillo, una respiración profunda que mueve el penacho de las palmeras. Si abandonase su lecho litoral, elevándose frente a nosotros, huiríamos despavoridos. Por eso vive camuflado en esta condición horizontal y en apariencia inerte del paisaje. Es posible que los viajeros que se acercan en barco tengan la perspectiva necesaria para reconocer su perfil. Tal vez, desde los aviones se consiga la distancia adecuada para reconocerle en toda su dimensión.