Metamorfosis del Zapillo almeriense - Margarita González
 
 
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Hipnotizada por el rítmico destello del faro, despido con asombro otro día que se apaga. Con él se cerrará otro capítulo, para avanzar hacia la negrura que nos arranca un poco de vida cada noche. Antes de que la luz acabe por sucumbir a lo inevitable, extraigo la transparencia, retengo el calor del sol en la piel, atesoro el resplandor en la retina y me resisto al declive con todas mis fuerzas. Protegida en el regazo del Zapillo, sintiendo la vida con pasión, inmersa en una agotadora consciencia, observo que la gente del barrio acude a su nocturno deambular. Con la ayuda de las pequeñas rutinas, nos aliviamos de la pesada carga de la contingencia y del estupor de ver morir cada día.