Metamorfosis del Zapillo almeriense - Margarita González
 
 
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En las huellas que deja el lento existir del Zapillo, se forman esponjosas cavernas para los seres que hibernamos en él. Entonces, baja el ritmo cardiaco, el cuerpo va quedando aletargado y mi pequeño deambular forma parte de un paisaje horizontal. Casi detenida, la respiración espera el milagro que la impulse de nuevo. Queda anestesiada la consciencia y vivir duele un poco menos. En el silencio es posible escuchar a la vida susurrando frente al mar. Emergen del fondo las sirenas que relatan leyendas a los niños. Cede el resplandor y los colores se animan a salir de la blancura, que inunda de luz Andalucía. Entonces exponemos nuestra piel para que el oro solar la cubra de riquezas, con la lentitud de los tesoros del tiempo.