Metamorfosis del Zapillo almeriense - Margarita González
 
 
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8/12

Me hablaron de la llegada del crucero y fui en su busca recordando la escena de la película “Amarcord” de Fellini, en la que los habitantes de la pequeña ciudad de Borgo iban al encuentro del trasatlántico en procesión marinera. El esplendor atravesaba la oscuridad frente a sus pequeñas vidas, y el sencillo acto de dirigirse hacia el objeto de deseo ya les hacía felices. En Almería también llegó el momento y la nave fue escoltada, desde que llegó hasta que partió. Algunos viajeros recorrieron el centro de la ciudad, otros vagaron por los bancos del parque y las terrazas de los cafés, hasta que el sol hirió sus blancas pieles. Unos pocos pasearon por la playa, donde las mujeres lucieron joyas y gasas, perfumando el Zapillo con aromas lejanos.